En el aula, ha de lograrse autoridad y respeto: lo contrario del temor y la subordinación. No debería suponerse que, si uno no impone su voluntad, está condenado a aceptar la de otros. Y no es acertado entender que el respeto es un gesto de alineación u obediencia: es un sentimiento y está más próximo a la admiración que al sometimiento. Se lo puede estimular, pero no se lo puede imponer.
Es importante descentralizar la posesión del conocimiento. La obtención y asimilación de los conocimientos son resultado de una experiencia que se multiplica en el intercambio grupal y se enriquece desde distintas fuentes, formales o informales. El docente debería ser participante y beneficiario de una dinámica que, cuanto menos, dependa de su exclusiva participación y presencia, más cerca estará de su objetivo. Que un chico imagine que los adultos lo saben todo es esperable. Que los adultos vivencien complacidos esta admiración infantil es comprensible. Pero el vínculo que así se genera merece ser aprovechado para estimular la posibilidad del pensamiento crítico de las nuevas generaciones. Estimular la crítica a la autoridad es el mejor y más corto camino para ganarse el respeto. También conviene articular los contenidos a los intereses y necesidades concretas y actuales de los destinatarios, ya que el interés del receptor decae o desaparece cuando advierte que está recibiendo herramientas supuestamente útiles pero cuyo beneficio será lejano o fortuito. Y es pertinente redimensionar la importancia exagerada que se otorgó a la memoria reproductiva: si bien toda actividad intelectual se apoya en los conocimientos adquiridos, que son materia prima para comprender lo nuevo y desconocido, esta condición necesaria no es suficiente. Aquello que se incorpora sin metabolización personal tiende a quedar como un acervo erudito sin más utilidad que su exhibición.
Estimular la autonomía antes que el éxito; promover la cooperación en detrimento de la competitividad; respetar y estimular las diferencias; rescatar sin juicios maniqueos “bueno-malo” la existencia de diferentes tiempos, habilidades, intereses, momentos, características físicas, culturales, sexuales, familiares; estas actitudes favorecen el aprendizaje y su ejercicio se convierte en un aprendizaje en sí mismo.
La escuela tradicional se asienta en una premisa generalmente no explicitada: pulsiones y afectos –amorosos, agresivos, de poder, de saber, apatía, rebeldías, miedos y tristezas– deben quedar excluidos. Casi nadie negará su existencia, pero su hábitat natural debe ser –se dice– extraescolar:
Hace falta recordar que la vida es mucho más que la lectoescritura, las funciones matemáticas y la capacitación laboral. A partir de restituir la importancia de esta parte de la vida será más fácil pensar –y alentar–, con instrumentos provistos por la educación, distintas y mejores formas de vivir.
Y es necesario reconocer la ineficacia y las desventajas del castigo como instrumento pedagógico familiar y escolar. Aunque los castigos y las penitencias se han ido atenuando, todavía se apela a ellos como recurso didáctico. La mala nota, la tarea como castigo, la firma o la amonestación, la “prueba sorpresa”, echar al alumno del aula, dejar a los alumnos sin recreo, la repetición del curso, la burla, el reproche, incluso notificaciones a los padres, siguen demostrando que en la intimidad persiste la creencia en el castigo como recurso más adecuado.
En esta línea, el derecho a la educación y la obligatoriedad de la enseñanza debe plantearse en su justo punto. La obligatoriedad de la enseñanza es un imperativo para el Estado y un instrumento para que los padres no interfieran en el derecho de los hijos a la educación. Pero, entendiendo erróneamente la obligatoriedad, suele buscarse el motor del aprendizaje en la coacción que padres y docentes ejerzan sobre el alumno. Suponer que se puede enseñar a pesar o en contra del interesado descoloca el verdadero sentido de la enseñanza-aprendizaje.
* Extractado del trabajo La aventura de aprender a pensar, que obtuvo el segundo premio en el concurso ABA 2007. Una escuela que enseña a pensar.
jueves, 20 de marzo de 2008
lunes, 10 de marzo de 2008
Yo, particularmente, soy profesor de informática y me tocó trabajar en varias escuelas con distintas realidades. Y resulta que el cambio del año 2005, pasando de 3 hs semanales de TIC a 2 hs fue una de las peores movidas que se les pueda haber ocurrido. Mucho más si observamos que
muchas escuelas (públicas y privadas) no tienen todavía computadoras para trabajar.
De todas formas, es muy poco lo que los docentes podemos hacer para cambiar esta realidad. Principalmente porque el sistema educativo está hecho con la filosofía "callate y laburá... para pensar estamos nosotros que tenemos un montón de títulos y la tenemos clara"... los del montón de títulos son la gente de los ministerios, claro está. No conozco ningún ministro de educación que tenga que trabajar en el aula cada semana... incluso algunos nunca trabajaron en el aula.
Lo que sí podemos hacer los docentes de informática es repensar nuestra función en la escuela.
Podemos ser maestros reproduccionistas que pasen por la vida de los chicos sin pena ni gloria o podemos adoptar un rol socializador e integrador para la nueva sociedad de la comunicación.
¿Notaron la diferencia cultural que se forma entre las personas que utilizan internet como herramienta cultural y los que no usan la computadora directamente?
La distancia parece de siglos... Hay muchos que ante la duda sobre algún tema, corremos a la wikipedia. Mientras que los demás se encogen de hombros.
En la vida laboral lo noto continuamente. Está la persona proactiva y autodidacta de la era de la comunicación. Y está el que no hace nada, salvo que haya tomado un curso para saber como se hace.
Creo que la capacidad de ser proactivo es una de las mayores diferencias que podemos aportar nosotros como profesores de informática... incluso con solo 2 hs cátedra por semana.
En tiempos donde por la puerta principal no tenemos apoyo, debemos enseñar a usar la puerta trasera.
Si los ministerios dicen "2hs por semana", nosotros podemos incentivar a los chicos a que aprovechen muchas horas más en el ciber, su casa o la casa de su amigo/a para aprender por si mismos.
Si el ministerio nos dice "enseñen un año de procesador de texto", nosotros incentivemos a que todos los trabajos prácticos de todas los espacios curriculares se presenten hechos en procesador de textos, a que cada vez usen más recursos del mismo, a que parte de la nota se forme por la pulcritud y orden de la información presentada, a que aprendan a realizar infografías para explicar sus temas.
Enseñemos a instalar blogs del curso, wikis, galerías de imágenes. Donde puedan elaborar colectivamente apuntes generales de todo el curso (que aprendan que con un pequeño aporte marginal se pueden tener resultados gigantescos). Que puedan canalizar sus angustias y conflictos utilizando el lenguaje escrito en el blog del curso. Que entiendan como funcionan todas estas herramientas, que entiendan que se requiere de un hosting, como se gestiona un nombre de dominio, como se instala un programa en forma remota, que no se conformen con las herramientas de hotmail, gmail o la empresa que sea... que se apropien de la tecnología.
Si vemos al espacio curricular TIC como una catapulta hacia una forma de vida, seguramente tendremos resultados mucho más interesantes que los actuales y no pasaremos por la vida de estos chicos sin pena ni gloria...
La excelente compositora Eladia Blazquez decía:
¡No! Permanecer y transcurrir
no es perdurar, no es existir
¡Ni honrar la vida!
Hay tantas maneras de no ser,
tanta conciencia sin saber
adormecida...
Merecer la vida no es callar y consentir,
tantas injusticias repetidas...
¡Es una virtud, es dignidad!
Y es la actitud de identidad ¡más definida!
Eso de durar y transcurrir
no nos da derecho a presumir.
Porque no es lo mismo que vivir...
¡Honrar la vida!
En nuestra profesión, entre nuestros compañeros de trabajo... ¿cuánto
hay de durar y transcurrir? y ¿cuánto hay de honrar la vida?
muchas escuelas (públicas y privadas) no tienen todavía computadoras para trabajar.
De todas formas, es muy poco lo que los docentes podemos hacer para cambiar esta realidad. Principalmente porque el sistema educativo está hecho con la filosofía "callate y laburá... para pensar estamos nosotros que tenemos un montón de títulos y la tenemos clara"... los del montón de títulos son la gente de los ministerios, claro está. No conozco ningún ministro de educación que tenga que trabajar en el aula cada semana... incluso algunos nunca trabajaron en el aula.
Lo que sí podemos hacer los docentes de informática es repensar nuestra función en la escuela.
Podemos ser maestros reproduccionistas que pasen por la vida de los chicos sin pena ni gloria o podemos adoptar un rol socializador e integrador para la nueva sociedad de la comunicación.
¿Notaron la diferencia cultural que se forma entre las personas que utilizan internet como herramienta cultural y los que no usan la computadora directamente?
La distancia parece de siglos... Hay muchos que ante la duda sobre algún tema, corremos a la wikipedia. Mientras que los demás se encogen de hombros.
En la vida laboral lo noto continuamente. Está la persona proactiva y autodidacta de la era de la comunicación. Y está el que no hace nada, salvo que haya tomado un curso para saber como se hace.
Creo que la capacidad de ser proactivo es una de las mayores diferencias que podemos aportar nosotros como profesores de informática... incluso con solo 2 hs cátedra por semana.
En tiempos donde por la puerta principal no tenemos apoyo, debemos enseñar a usar la puerta trasera.
Si los ministerios dicen "2hs por semana", nosotros podemos incentivar a los chicos a que aprovechen muchas horas más en el ciber, su casa o la casa de su amigo/a para aprender por si mismos.
Si el ministerio nos dice "enseñen un año de procesador de texto", nosotros incentivemos a que todos los trabajos prácticos de todas los espacios curriculares se presenten hechos en procesador de textos, a que cada vez usen más recursos del mismo, a que parte de la nota se forme por la pulcritud y orden de la información presentada, a que aprendan a realizar infografías para explicar sus temas.
Enseñemos a instalar blogs del curso, wikis, galerías de imágenes. Donde puedan elaborar colectivamente apuntes generales de todo el curso (que aprendan que con un pequeño aporte marginal se pueden tener resultados gigantescos). Que puedan canalizar sus angustias y conflictos utilizando el lenguaje escrito en el blog del curso. Que entiendan como funcionan todas estas herramientas, que entiendan que se requiere de un hosting, como se gestiona un nombre de dominio, como se instala un programa en forma remota, que no se conformen con las herramientas de hotmail, gmail o la empresa que sea... que se apropien de la tecnología.
Si vemos al espacio curricular TIC como una catapulta hacia una forma de vida, seguramente tendremos resultados mucho más interesantes que los actuales y no pasaremos por la vida de estos chicos sin pena ni gloria...
La excelente compositora Eladia Blazquez decía:
¡No! Permanecer y transcurrir
no es perdurar, no es existir
¡Ni honrar la vida!
Hay tantas maneras de no ser,
tanta conciencia sin saber
adormecida...
Merecer la vida no es callar y consentir,
tantas injusticias repetidas...
¡Es una virtud, es dignidad!
Y es la actitud de identidad ¡más definida!
Eso de durar y transcurrir
no nos da derecho a presumir.
Porque no es lo mismo que vivir...
¡Honrar la vida!
En nuestra profesión, entre nuestros compañeros de trabajo... ¿cuánto
hay de durar y transcurrir? y ¿cuánto hay de honrar la vida?
Total, el blog es mío...
La cosa es que este espacio es como un lugar para hacer catársis, un espacio donde pongo lo que tengo ganas o me conmueve en un momento determinado... vaya a saber uno por qué.
Hoy, al contestar un correo en una lista, vino a mi memoria, una parte de un monólogo de alguien a quien extraño mucho... ¡Tato Bores!
Jorge Schussheim escribió este texto que, según él, abría un monólogo de Tato, estrenado en el teatro a pocos días de producirse el golpe del 24 de marzo de 1976.
¡Qué país, qué país...!
No me explico por qué nos despelotamos tanto... ¡si somos multimillonarios!
Usted va, tira un granito de maíz y ¡plaf!, le crecen diez hectáreas.
Siembra una semillita de trigo y ¡ñácate!, una cosecha que hay que tirar la mitad al río, por que no tenemos adónde metérnosla.
Compra una vaquita, la deja sola y al año se le formó un harén de vacas, créame...
Lo malo de esta fertilidad es que una vez, hace años, un hijo de puta sembró un almácigo de boludos y la plaga no la pudimos parar ni con DDT...
Aunque la verdad es que no me acuerdo si fue un hijo de puta que sembró un almácigo de boludos, o un boludo que sembró un almácigo de hijos de puta...
Si por esos lados se encuentran con el negro Olmedo... Sepan que nos hacen falta a muchos Argentinos.
Hoy, al contestar un correo en una lista, vino a mi memoria, una parte de un monólogo de alguien a quien extraño mucho... ¡Tato Bores!
Jorge Schussheim escribió este texto que, según él, abría un monólogo de Tato, estrenado en el teatro a pocos días de producirse el golpe del 24 de marzo de 1976.
¡Qué país, qué país...!
No me explico por qué nos despelotamos tanto... ¡si somos multimillonarios!
Usted va, tira un granito de maíz y ¡plaf!, le crecen diez hectáreas.
Siembra una semillita de trigo y ¡ñácate!, una cosecha que hay que tirar la mitad al río, por que no tenemos adónde metérnosla.
Compra una vaquita, la deja sola y al año se le formó un harén de vacas, créame...
Lo malo de esta fertilidad es que una vez, hace años, un hijo de puta sembró un almácigo de boludos y la plaga no la pudimos parar ni con DDT...
Aunque la verdad es que no me acuerdo si fue un hijo de puta que sembró un almácigo de boludos, o un boludo que sembró un almácigo de hijos de puta...
Si por esos lados se encuentran con el negro Olmedo... Sepan que nos hacen falta a muchos Argentinos.
lunes, 5 de noviembre de 2007
¡Excelente material para difundir en escuelas!

Hay temas centrales en la vida cívica de los países, que debería sensibilizarnos a todos los educadores. Desgraciadamente no siempre sucede así y nos encontramos en salas de profesores (algunas veces), silenciando este tipo de temas con la discusión sobre cual de las fulanas de turno, anoche lo hizo mejor en "xxxxando por un sueño".
Todavía tengo el extraño sueño que eso vaya cambiando en algún momento... o que con mi granito de arena eso pueda cambiar.
El tan nombrado "voto electrónico", surge en los últimos tiempos como la panacea de la democracia, prometiéndonos la justicia y transparencia que jamás pudimos tener.
Incluso parece que la mayoría de los políticos, sin importar la bandera que tengan, coinciden en las bondades de este.
Pero por otro lado, como informático y persona concurrente en ámbitos de expertos en seguridad informática, me encuentro con que no hay un experto que pueda mantener estas afirmaciones, que se hacen para la gran masa de gente.
Encontré en internet, un video del programa Dominio Digital, que explica en un lenguaje simple y "entendible por todos" esto que estoy afirmando.
Les pido a todos los lectores, por favor, que lo observen. Solo dura 27 minutos y no tiene desperdicio.
Luego díganme si no se presta para una clase especial con los chicos, para que lo puedan ver y debatir libremente.
Está en ésta dirección.
domingo, 12 de agosto de 2007
¡Sin dudas lo entendió!


Hace una semana, Nicolás, mi hijo mayor, con solo diez años. Me cuenta entusiasmado algo que yo ya esperaba porque él mismo me lo había adelantado. Uno de sus tíos, le regaló una Handheld HP Jornada 680e, que él ya no usaba.
El diálogo apresurado por la exitación fue algo así:
Nico: Papi, el tío Diego me regaló la compu de mano. Está buenísima, se abre como tu laptop y queda la pantallita delante de las teclas... ¡Me la tenés que arreglar!
Roman: ¿Por qué? ¿Qué tiene roto? Preguntas que hice pensando en problemas de hardware.
Nico: Tiene windows...
Aquellos que me conocen, no necesitan mucho para entender como me siento de feliz. Pero para los que no están en este grupo, tengo que contarles que orgullo de padre es poco para decir.
Posiblemente, Nico, halla llevado un paso más adelante mi comprensión y amor por el software libre por lo que les voy a contar.
Su regalo para el día del niño es una placa de interfaz de comando de robots que diseñó y vende un amigo mío. Esto lo tiene muy entusiasmado porque se comanda con lenguaje xlogo... y Nico está aprendiendo logo en la escuela desde hace un año.
Así es que la explicación que Nico luego me dió más en detalle, es que quiere usar la "computadorita" para comandar los robots que podamos hacer desde ahí... y ese tipo de cosas solo se pueden hacer con software libre (para él todavía es sinónimo Linux, así lo llama).
Posiblemente los próximos meses nos pasaremos muchas horas de fin de semana, con Nico, instalando software libre en la Jornada 680e, aprendiendo de las primitivas de comando de XLogo y construyendo robots libres que se comanden desde "la computadorita".
martes, 13 de febrero de 2007
El "pero" como una terrible sanguijuela en nuestra vida
Muchas personas suelen contestar a las opciones propuestas con un: "pero no es tan fácil como lo planteas". Otras suelen decirnos "me gustaría hacer tal cosa, pero no se si podré animarme". O también "Eso está muy bueno, pero no es para mi".
Entre el título y este primer párrafo, algún avispado lector ya se dará cuenta para donde voy. Se trata del increíble poder de las palabras... para nuestro inconsciente.
Judit solía decirme "es solo una manera de decir" y yo siempre le respondí "una mala manera de decir".
Con mi amiga, Judit, recorrimos un largo trayecto donde ella misma pudo limpiar algunos de los "metamensajes" que tanto daño se le habían pegado a lo largo de su vida. Ya que comenzaron a leer, me interesa contarles del como trabajan los peros... que no son simples uniones lingüísticas, sino impresionantes devoradores de energía en nuestra vida.
En principio podemos observar como usar un "pero" a la mitad de una frase, divide a esta en dos. Generando una mitad débil y otra dominante. La primera mitad pasa desapercibida por más contundente que ésta sea. La segunda, por el contrario, toma inesperada importancia, transformándose en la recordada por el receptor del mensaje.
Para entender esto, a los que tenemos treinta y pico (o más), nos alcanza con recordar un famoso eslogan de una marca de electrodomésticos para promocionar sus televisores color... allá por los principios de los 80's. Decía: "Caro, pero el mejor".
Sin entrar demasiado en detalle, quiero contarles que los redactores publicitarios conocen desde hace mucho el poder del "pero" en los mensajes enviados directo al inconsciente. Ya es hora que el resto de nosotros podamos utilizarlo para nuestro propio beneficio.
Una vez, Judit, se acercó a mí para contarme que se sentía mal porque no lograba que el muchacho que a ella le gustaba, siquiera supiera de su existencia... y eso que trabajaban en la misma oficina.
Ella había nacido y crecido en un pequeño pueblo lleno de costumbres que le daban el mandato de que una mujer no puede mostrarle interés a un hombre, hasta que él haya venido a ella en una abierta actitud de conquista. Todo lo que no cuadrara con ese mandato, estaba mal visto por la sociedad y lo que es peor, por ella misma.
Cuando yo le pregunté que había hecho ella para mostrarse ante el muchacho como alguien interesante, me contestó un rotundo "nada... me muero de vergüenza si se entera que estoy interesada en él". A lo que le respondí si ella creía que el muchacho tenía poderes psíquicos que le permitieran adivinar su interés...
Le propuse que haga una reunión con algo de comida y baile en su casa (tiene un buen espacio en el jardín como para hacerlo), al estilo de los "asaltos" que hacemos cuando somos adolescentes y las chicas traen comida y los chicos, bebida. Que invite a un grupo más o menos numeroso de personas de la oficina con la excusa de "conocernos más, ya que compartimos tantas horas juntos". De esa forma no quedaría expuesta a invitarlo solo a él y tendría unas horas para poder acercársele.
El plan me había parecido fantástico, incluso a otros amigos que estaban presentes, les había parecido lo mismo. Pero a Judit, no. Dijo "está muy bueno, pero no es tan fácil. Yo no soy así".
Esto parecía ponernos de nuevo donde empezamos. Sin embargo, se me ocurrió decirle lo siguiente:
Ser de determinada manera, no es algo inmutable (como nuestra estatura). Es una decisión que tomamos en cada momento.
Si hasta ahora llegaste a donde estás por pensar así y no te gusta donde estás. No vas a poder salir si seguís haciendo, diciendo y pensando igual.
Parece que estas palabras calaron hondo en mi amiga, porque unos días después se acercó para preguntarme como puede comenzar ese cambio. Se sentía demasiado lejos de poder llevar adelante el plan de la reunión y quería llenarse de valor (o de lo que sea) que le de el poder de hacerlo.
Si saber yo mismo el verdadero poder de lo que le decía, le aconsejé que comenzara por modificar pequeños elementos verbales de su lenguaje... lo llamamos "higiene verbal", ya que se trataba de limpiar lo que de nuestra boca sale, de pensar en esto como el cepillado de nuestros dientes, algo nuestro, pero que nos permite enfrentar al mundo con mucha más seguridad.
Comencemos, le dije, por el pero.
Me gusta pensar en ellos como en pequeñas pero implacables sanguijuelas que se nos van pegando y nos chupan la energía vital.
Si llegamos a un punto donde tenemos demasiadas, la vida se nos pasa, no notamos por qué las cosas no resultan como nos gustaría, protestamos por ello, nos volvemos seres grises y, finalmente, morimos por agotamiento.
Si, por otro lado, nos quitamos totalmente a nuestras sanguijuelas (los peros), nos volvemos peligrosos y poco confiables para el resto de las personas. Es que posiblemente en algún momento:
O infringimos las normas (morales o jurídicas).
O lastimamos a los que amamos.
Es así que el punto de equilibrio para determinar cuantos peros debemos tener en nuestra vida, podría estar definido por las preguntas:
¿Infrinjo una norma?
¿Lastimo a alguien con esto?
Si la respuesta es negativa en ambas, posiblemente ese sea un pero de los que debería deshacerme.
Entre el título y este primer párrafo, algún avispado lector ya se dará cuenta para donde voy. Se trata del increíble poder de las palabras... para nuestro inconsciente.
Judit solía decirme "es solo una manera de decir" y yo siempre le respondí "una mala manera de decir".
Con mi amiga, Judit, recorrimos un largo trayecto donde ella misma pudo limpiar algunos de los "metamensajes" que tanto daño se le habían pegado a lo largo de su vida. Ya que comenzaron a leer, me interesa contarles del como trabajan los peros... que no son simples uniones lingüísticas, sino impresionantes devoradores de energía en nuestra vida.
En principio podemos observar como usar un "pero" a la mitad de una frase, divide a esta en dos. Generando una mitad débil y otra dominante. La primera mitad pasa desapercibida por más contundente que ésta sea. La segunda, por el contrario, toma inesperada importancia, transformándose en la recordada por el receptor del mensaje.
Para entender esto, a los que tenemos treinta y pico (o más), nos alcanza con recordar un famoso eslogan de una marca de electrodomésticos para promocionar sus televisores color... allá por los principios de los 80's. Decía: "Caro, pero el mejor".
Sin entrar demasiado en detalle, quiero contarles que los redactores publicitarios conocen desde hace mucho el poder del "pero" en los mensajes enviados directo al inconsciente. Ya es hora que el resto de nosotros podamos utilizarlo para nuestro propio beneficio.
Una vez, Judit, se acercó a mí para contarme que se sentía mal porque no lograba que el muchacho que a ella le gustaba, siquiera supiera de su existencia... y eso que trabajaban en la misma oficina.
Ella había nacido y crecido en un pequeño pueblo lleno de costumbres que le daban el mandato de que una mujer no puede mostrarle interés a un hombre, hasta que él haya venido a ella en una abierta actitud de conquista. Todo lo que no cuadrara con ese mandato, estaba mal visto por la sociedad y lo que es peor, por ella misma.
Cuando yo le pregunté que había hecho ella para mostrarse ante el muchacho como alguien interesante, me contestó un rotundo "nada... me muero de vergüenza si se entera que estoy interesada en él". A lo que le respondí si ella creía que el muchacho tenía poderes psíquicos que le permitieran adivinar su interés...
Le propuse que haga una reunión con algo de comida y baile en su casa (tiene un buen espacio en el jardín como para hacerlo), al estilo de los "asaltos" que hacemos cuando somos adolescentes y las chicas traen comida y los chicos, bebida. Que invite a un grupo más o menos numeroso de personas de la oficina con la excusa de "conocernos más, ya que compartimos tantas horas juntos". De esa forma no quedaría expuesta a invitarlo solo a él y tendría unas horas para poder acercársele.
El plan me había parecido fantástico, incluso a otros amigos que estaban presentes, les había parecido lo mismo. Pero a Judit, no. Dijo "está muy bueno, pero no es tan fácil. Yo no soy así".
Esto parecía ponernos de nuevo donde empezamos. Sin embargo, se me ocurrió decirle lo siguiente:
Ser de determinada manera, no es algo inmutable (como nuestra estatura). Es una decisión que tomamos en cada momento.
Si hasta ahora llegaste a donde estás por pensar así y no te gusta donde estás. No vas a poder salir si seguís haciendo, diciendo y pensando igual.
Parece que estas palabras calaron hondo en mi amiga, porque unos días después se acercó para preguntarme como puede comenzar ese cambio. Se sentía demasiado lejos de poder llevar adelante el plan de la reunión y quería llenarse de valor (o de lo que sea) que le de el poder de hacerlo.
Si saber yo mismo el verdadero poder de lo que le decía, le aconsejé que comenzara por modificar pequeños elementos verbales de su lenguaje... lo llamamos "higiene verbal", ya que se trataba de limpiar lo que de nuestra boca sale, de pensar en esto como el cepillado de nuestros dientes, algo nuestro, pero que nos permite enfrentar al mundo con mucha más seguridad.
Comencemos, le dije, por el pero.
Me gusta pensar en ellos como en pequeñas pero implacables sanguijuelas que se nos van pegando y nos chupan la energía vital.
Si llegamos a un punto donde tenemos demasiadas, la vida se nos pasa, no notamos por qué las cosas no resultan como nos gustaría, protestamos por ello, nos volvemos seres grises y, finalmente, morimos por agotamiento.
Si, por otro lado, nos quitamos totalmente a nuestras sanguijuelas (los peros), nos volvemos peligrosos y poco confiables para el resto de las personas. Es que posiblemente en algún momento:
O infringimos las normas (morales o jurídicas).
O lastimamos a los que amamos.
Es así que el punto de equilibrio para determinar cuantos peros debemos tener en nuestra vida, podría estar definido por las preguntas:
¿Infrinjo una norma?
¿Lastimo a alguien con esto?
Si la respuesta es negativa en ambas, posiblemente ese sea un pero de los que debería deshacerme.
viernes, 9 de febrero de 2007
Tiempos de cambio...
Y un día, sin que nada pasara, vi a mi vida anterior como un sueño. Del que estaba despertando...
Me preguntaba si lo soñado tendría aplicación en la realidad.
Después de todo, cual era la realidad. La que había soñado y vivido hasta ahora o la que recién comenzaba y desconocía.
¿Cuántas de las cosas que había soñado quería traer a mi realidad hoy?
Los que me esperaban en la realidad hoy ¿eran como los recordaba o solo recordaba un reflejo creado por mi propio inconsciente?
Y esa pregunta latente... ¿me quiero despertar?
27/08/01
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